HISTORIA

Historia de Yurécuaro

La primera noticia que hace entrar al pueblo en la historia, y particularmente en la actual Cabecera Municipal del Municipio de Yurécuaro, se refiere a la ocupación de la región por la tribu purépecha y específicamente por un grupo conquistador Uacúsecha, anterior a la llegada de los españoles. A principios del siglo XV Tariácuri consolida la hegemonía de su grupo, heredando a su hijo Hiquíngare y sus sobrinos, Iripan y Tanganxoan la misión conquistadora que les había señalado su dios Curicaveri, según su mitología. En la larga lista de pueblos conquistados durante la expansión guerrera de los Uacúsecha, se localiza a Yurécuaro, cuyo nombre viene del Tarascó IOREKUA que significa ‘río’ y la terminación RO que significa ‘lugar’, que IORECUARO o Yurécuaro, se traduzca como “lugar junto al río”, o bien “lugar de crecientes”.

Fue a partir de la llegada de los conquistadores españoles, cuando se asentaron las bases para el posterior desarrollo de Yurécuaro tanto en lo civil, como en lo religioso. Con la llegada de Don Vasco de Quiroga en el año de 1533, y de las tropas de Nuño de Guzmán siendo Virrey de la Nueva España Antonio de Mendoza, hacia el año de 1540 y la iniciación de la fundación de nuevos pueblos en la que participó fundamentalmente Fray Juan de San Miguel, los primeros frailes de la orden de los franciscanos se encargaron de profetizar la religión cristiana. Fue así que llevaron a cabo la planeación y construcción de varios conventos religiosos, entre los que destaca el convento de Jiquilpan, que quedó en manos de franciscanos y el de Jacona, a cargo de agustinos.

La aparición de Yurécuaro en la historia oficial de Michoacán es un suceso ocurrido durante el año de 1530 cuando Nuño Beltrán de Guzmán, de la Audiencia Gobernadora de la Nueva España, ante la ejecución de Cazonci, hizo comparecer a un prisionero, un indio chichimeca, naguatlato tarascó, al cual por lengua del indio Juan Pascual, habiendo jurado, le hicieron preguntas a las que respondió: llamarse Guanax; ser natural de Iorekuaro y que en Iorekuaro se mataron a dos españoles por el señor de dicho pueblo.

Ya establecida la Congregación de Tlazazalca que afianzó la presencia española en la región, se otorgó la Cédula Real que da origen al pueblo de Yurécuaro el 22 de mayo de 1559 (Legajo de Justicia 163, Foja 366 anverso y reverso, existente en el Archivo General de Indias en Sevilla, España).

Santa María Yurécuaro, como fue llamada durante la colonia española, era una comunidad de pescadores, tejedores de tule, carrizo, agricultores, y pastores de ganado menor, con predominio de lengua tarasca por la conquista de los Uacúsecha. Durante la Guerra de Independencia, la población fue incendiada el 25 de enero de 1816, por un insurgente piromaniaco, el Padre Torres. Por su parte, Agustín de Iturbide acogió esta población, para acordar, con Torcuato Trujillo, el sostenimiento del Plan de Iguala.”1″

Fue precisamente con fecha 12 de mayo de 1910, año de la Revolución Mexicana, en que se dio cumplimiento al Decreto del H. Congreso del Estado de Michoacán de Ocampo, en donde se erige en Villa el Pueblo de Yurécuaro, acuerdo que entró en vigor el 16 de septiembre de ese mismo año, siendo Gobernador de Michoacán, Don Aristeo Mercado; Presidente de la República, el General Don Porfirio Díaz; y como Presidente Municipal o Primer Regidor de Yurécuaro Don Miguel Bravo.  

Para 1940, Yurécuaro parecería estar en ruinas; no obstante ese tiempo a la fecha no ha cesado la migración, aumentando gradualmente su población. Por ello, el 30 de agosto de 1995, se dirigió formalmente al Presidente del H. Congreso del Estado de Michoacán de Ocampo, la solicitud específica para considerar la erección al rango o categoría de ciudad a la población de Yurécuaro, mediante el Decreto No. 187 expedido por Acuerdo de la LXVI Legislatura del Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo, reconociéndose con fecha 28 de septiembre de 1995, la Erección al Rango de “Ciudad” de Yurécuaro. 

Historia económica de Yurécuaro

  Yurécuaro, durante la colonia, era una pequeña comunidad, tejedora de tule y carrizo, de pastores de ganado y agricultores ribereños, siendo esta su principal actividad, pues contaba con riego permanente para sus tierras occidentales; hacia el oriente, en la parte elevada del municipio, se beneficiaba la agricultura del temporal, así como la pesca, pescando bagre, cuime, carpa. En cuanto a caza, disponía en abundancia de güilotas, patos, liebres, venados y otras especies, como coyotes, onza, tlacuache, ardilla, armadillo, víboras de cascabel, hocicos de puerco, coralillas, tiricuates, culebras de agua, las garzas, las gallaretas, los zopilotes, gavilanes y aguilillas.

Desde 1675 existieron talleres de ropa que fabricaban manta estampada, rebozos, sarapes, trabajando en ellos mujeres y hombres utilizando un aparato de madera. En 1689 se incrementó la pesca y como principal pesquería fue Las Chorreras, utilizándose canales de piedra, ya que su modo era encauzar el agua por medio de esas presas de piedra donde se colocaban grandes masas de varas llamadas “potreros”. Para 1743 las diferencias raciales desaparecieron, los indios se han refugiado en industrias caseras y artesanales tales como el corte de pieles, elaboración de zapatos, tejer, sillas y petates, y por último a la siembra de maíz, ya que de la ganadería y la agricultura se encargaban los españoles, de igual manera de las minas.

La región crece, trayendo como consecuencia grandes sequías, y para el siglo XVIII las tierras comunales retoman auge y para ello los indios elaboran un escrito, timbrado elaborado desde 1778, cuando Carlos III ocupaba el trono de España, donde decía que las tierras, solo son de ellos y de esta manera defendiendo su territorio lograron así, recuperar pocas haciendas de sus alrededores, que eran pretendidas por extraños. Al final de este siglo hubo desposesión de tierras convirtiéndose en un sistema de latifundismo; para ese tiempo la economía era manejada por los señores ricos (hacendados) y eclesiásticos quienes eran dueños de grandes haciendas tales como San Juan, La Concepción, La Noria, Guadalupe, Buenavista, Santa Rita, Los Sauces, San Jerónimo, El Tequezquite, Mirandillas, Orapondio, Pocácuaro, todas ellas, vecinas a la comunidad de Yurécuaro. Así que las propiedades estaban en manos de los blancos, los indios y castas cultivaban la tierra, apareciendo un odio recíproco entre ellos.  C.

La Constitución del Ejido: En 1930, existe el adelanto agrícola e industrial, el pueblo se había enriquecido con la inmigración de muchas familias, la gran irrigación por medio de canales de riego derivados del río Lerma y la diversificación de cultivos, que hacen de Yurécuaro mercado nacional. Con el tiempo la imagen del ejidatario pobre y siempre en deuda se irá cambiando por el agricultor próspero, dispuesto a mejorar sus técnicas y abrirse a la producción.